Sunday, August 06, 2006
On the road again
Tuesday, November 16, 2004
Hoy estoy llegando otra vez a Nueva York. Tal vez por las memorias que me traen las Historias de un Huracán sin Rumbo, se me ocurrió ayer llamar a David el Mayor para ver que era de su vida y contarle que iba a estar en la Gran Manzana los próximos días. Le dejé ese mensaje con su secretaria, la misma que ha tenido desde que lo conozco, y que estoy seguro que conoce todos sus secretos. Una vez la conocí en su oficina, pero francamente no me acuerdo de su cara, aunque tiene una voz inconfundible de autoridad y que inspira respeto. Antes de una hora me llamó de vuelta David, feliz de oir que iba a estar por allá y para invitarme, sujeto a confirmación hoy, a tomar un trago a su casa y después salir a comer. Deja vu.Después les cuento. Este blog me está motivando a volver a tomar contacto con gente de mi pasado, cosa que no hago suficiente, supongo que por la urgencia de lo inmediato, y la poca valoración que uno le da a las antiguas amistades si no se sienta a recordarlas cada tanto. Lo más notable es lo de Arturo. Nunca se me hubiera ocurrido contactarlo si no hubiera sido por esta bitácora, y ahí está, ya llevamos dos e-mails y hemos intercambiado teléfonos. ¿Será que me imaginé todo con él? ¿Que nunca pasó nada ni hubo segundas intenciones en ese paseo al campo de remolacha?, ¿que el encuentro en la feria artesanal fue eso, un simple encuentro con un amigo pasando por un período bohemio y que todo el trasfondo sexual fue cosecha mía? Sería curioso que así fuera, y tal vez nunca lo llegue a saber. Por su trabajo, Arturo tendría que ser un closet case peor que yo. O tal vez el mundo ha cambiado más de lo que me he dado cuenta. En todo caso esta mañana cuando en el computador en el aeropuerto de Miami vi un e-mail con sus teléfonos, firmado con un “Nos vemos, Arturo.” me emocioné. Pasaron varías fantasías por mi mente respecto de cómo podría ser el reencuentro con mi amigo. Por ahora voy a prepararme para reencontrarme con los Davids sin que se convierta en otro episodio como el anterior. Todavía estoy en el avión escribiendo, entre Miami y Nueva York, con las persianas de las ventanillas cerradas y el avión en penumbras a pesar de que está avanzado el día. Ya conversé suficiente con mi vecina de asiento, incluso más allá de lo típico y quedamos de intercambiar tarjetas antes de despedirnos, las mías están metidas por allá arriba en mi maletín. La señora, que es de Chicago, conoce a un conocido mío que vive en Europa, lo cual confirma que el mundo es minúsculo. Quiere mandarle un e-mail a nuestro conocido común para contarle de esta coincidencia, o tal vez quiere saber que tanto lo conozco, porque desde el punto de vista de ella, este conocido mío es muy importante y cualquier día puede ser su jefe. Si uno puede escribirle o hablarle a su potencial jefe sobre una anécdota así como esta sirve para ir estableciendo lazos. Lazos que después sirven, porque el mundo es redondo y da muchas vueltas. Los gringos son secos para esas cosas, el desarrollo del “network”, y para que decir, las gringas profesionales como esta son aún mejores en eso. Creo que no sería apropiado sacar mi cámara digital y tomarle una foto para poner en el blog, así que se tendrán que conformar con la imagen de la gringa ejecutiva exitosa de mediana edad, elegante, rubia de pelo medianamente corto con un peinado impecable , muy en forma, con algunas arrugas muy dignas y vestida impecablemente de traje pantalón negro pinstripe y blusa negra, con las joyas justas, muy sencillas pero evidentemente carísimas, nada fuera de lugar. Apropiadamente equipada con celular, blackberry y laptop. Ah, y i-pod también, con lo que me derrotó, ya que tiene gadgets que yo no tengo. Antes de que nos hicieran apagar los celulares al despegar, le dio mil instrucciones por teléfono a una secretaria que parecía tan eficiente como la de David. Programó con ella su día de mañana, después que llevara los niños al colegio para compensarlos por haber estado fuera los últimos días, y separando entre las cosas que haría cuando estuviera sin capacidad de pensar, durante la mañana, de las cosas que haría en la tarde, cuando lograra “focus”. Curiosa manera de organizarse, siempre se aprende algo nuevo en los aviones. Me pregunto por que en la mañana no puede pensar esta señora, ¿o reserva el uso de su cerebro solo para las tardes? Ya estamos acercandonos a New York y pronto van a restringir las paradas al baño. Nadie se puede parar en el avión cuando te acercas a Nueva York. No siempre lo aplican, pero mas me vale ir ahora porque he tomado litros de agua… Cuando puedo subo este post. ¶ 6:26 PM
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Hoy estoy llegando otra vez a Nueva York. Tal vez por las memorias que me traen las Historias de un Huracán sin Rumbo, se me ocurrió ayer llamar a David el Mayor para ver que era de su vida y contarle que iba a estar en la Gran Manzana los próximos días. Le dejé ese mensaje con su secretaria, la misma que ha tenido desde que lo conozco, y que estoy seguro que conoce todos sus secretos. Una vez la conocí en su oficina, pero francamente no me acuerdo de su cara, aunque tiene una voz inconfundible de autoridad y que inspira respeto. Antes de una hora me llamó de vuelta David, feliz de oir que iba a estar por allá y para invitarme, sujeto a confirmación hoy, a tomar un trago a su casa y después salir a comer. Deja vu.Después les cuento. Este blog me está motivando a volver a tomar contacto con gente de mi pasado, cosa que no hago suficiente, supongo que por la urgencia de lo inmediato, y la poca valoración que uno le da a las antiguas amistades si no se sienta a recordarlas cada tanto. Lo más notable es lo de Arturo. Nunca se me hubiera ocurrido contactarlo si no hubiera sido por esta bitácora, y ahí está, ya llevamos dos e-mails y hemos intercambiado teléfonos. ¿Será que me imaginé todo con él? ¿Que nunca pasó nada ni hubo segundas intenciones en ese paseo al campo de remolacha?, ¿que el encuentro en la feria artesanal fue eso, un simple encuentro con un amigo pasando por un período bohemio y que todo el trasfondo sexual fue cosecha mía? Sería curioso que así fuera, y tal vez nunca lo llegue a saber. Por su trabajo, Arturo tendría que ser un closet case peor que yo. O tal vez el mundo ha cambiado más de lo que me he dado cuenta. En todo caso esta mañana cuando en el computador en el aeropuerto de Miami vi un e-mail con sus teléfonos, firmado con un “Nos vemos, Arturo.” me emocioné. Pasaron varías fantasías por mi mente respecto de cómo podría ser el reencuentro con mi amigo. Por ahora voy a prepararme para reencontrarme con los Davids sin que se convierta en otro episodio como el anterior. Todavía estoy en el avión escribiendo, entre Miami y Nueva York, con las persianas de las ventanillas cerradas y el avión en penumbras a pesar de que está avanzado el día. Ya conversé suficiente con mi vecina de asiento, incluso más allá de lo típico y quedamos de intercambiar tarjetas antes de despedirnos, las mías están metidas por allá arriba en mi maletín. La señora, que es de Chicago, conoce a un conocido mío que vive en Europa, lo cual confirma que el mundo es minúsculo. Quiere mandarle un e-mail a nuestro conocido común para contarle de esta coincidencia, o tal vez quiere saber que tanto lo conozco, porque desde el punto de vista de ella, este conocido mío es muy importante y cualquier día puede ser su jefe. Si uno puede escribirle o hablarle a su potencial jefe sobre una anécdota así como esta sirve para ir estableciendo lazos. Lazos que después sirven, porque el mundo es redondo y da muchas vueltas. Los gringos son secos para esas cosas, el desarrollo del “network”, y para que decir, las gringas profesionales como esta son aún mejores en eso. Creo que no sería apropiado sacar mi cámara digital y tomarle una foto para poner en el blog, así que se tendrán que conformar con la imagen de la gringa ejecutiva exitosa de mediana edad, elegante, rubia de pelo medianamente corto con un peinado impecable , muy en forma, con algunas arrugas muy dignas y vestida impecablemente de traje pantalón negro pinstripe y blusa negra, con las joyas justas, muy sencillas pero evidentemente carísimas, nada fuera de lugar. Apropiadamente equipada con celular, blackberry y laptop. Ah, y i-pod también, con lo que me derrotó, ya que tiene gadgets que yo no tengo. Antes de que nos hicieran apagar los celulares al despegar, le dio mil instrucciones por teléfono a una secretaria que parecía tan eficiente como la de David. Programó con ella su día de mañana, después que llevara los niños al colegio para compensarlos por haber estado fuera los últimos días, y separando entre las cosas que haría cuando estuviera sin capacidad de pensar, durante la mañana, de las cosas que haría en la tarde, cuando lograra “focus”. Curiosa manera de organizarse, siempre se aprende algo nuevo en los aviones. Me pregunto por que en la mañana no puede pensar esta señora, ¿o reserva el uso de su cerebro solo para las tardes? Ya estamos acercandonos a New York y pronto van a restringir las paradas al baño. Nadie se puede parar en el avión cuando te acercas a Nueva York. No siempre lo aplican, pero mas me vale ir ahora porque he tomado litros de agua… Cuando puedo subo este post. ¶ 6:26 PM
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